La Inquisición ofrecía mas garantías juridicas que los JVM

El caso de Vicente Chinchilla: La condena por VioGen más larga (hecho verídico)

In Casos sangrantes, Hombres maltratados, Legislacion, Prevaricacion on 29 julio, 2015 at 21:26

La condena más larga

Un hombre fue acusado por su mujer, con la que se hallaba en trámites de divorcio, de dos violaciones y un delito continuado de coacciones. Aún tiene por delante dieciocho de los veinte años de presidio a los que el juez de la sección de Audiencia Provincial le condenó. Los hechos se consideran probados, sin haberse establecido durante el proceso judicial, a opinión del tribunal, una duda razonable de su culpabilidad, que hubiera supuesto su absolución con la aplicación del in dubio pro reo. No hubo espacio para la duda. La Ley Integral de Violencia de Género no la admite.

La acusación

La primera de las violaciones se produjo en abril o mayo de 2012 (la víctima no lo recuerda con exactitud) pero no denunció el hecho, alegando que no quería que afectara a la inminente celebración de la Comunión de la hija de ambos. Seis meses después, el último día que el hombre pasó en el hogar familiar, se produjo la segunda agresión sexual, que fue denunciada esa misma noche. Según declaró la mujer, la apertura de las hostilidades fue su decisión de romper su relación con el hombre. Él no estaba dispuesto -al parecer- a ser abandonado.

Un reconocimiento de diez minutos

La acusadora acudió al hospital para reportar el hecho a las diez y nueve minutos, y se marchó del centro sanitario a las diez y diecinueve, según recoge el acta de ingreso. En ese espacio de apenas diez minutos es reconocida por el médico, que observa dos pequeños hematomas en la cara interna del muslo. Aunque afirma que dichas lesiones no le hacen sospechar de una agresión sexual, recomienda a la denunciante que sea explorada por un ginecólogo y un forense (protocolo habitual para casos de violación), a lo que la acusadora se niega, sin dar ningún tipo de explicación al respecto.

Riesgo muy ligero

El hombre es detenido y enviado a prisión provisional, donde se le realiza diferentes test para valorar si resulta una amenaza para la denunciante -Escala de Predicción del Riesgo de Violencia, oficializada por el Ministerio de Justicia desde 2011- y la valoración fue que el acusado representaba un “riesgo muy ligero” para la seguridad de la víctima. Un dato significativo para un hombre en prisión preventiva acusado de dos violaciones.

Primera contradicción

Las violaciones y coacciones tuvieron su origen, según explicó la denunciante, en la decisión de ésta de romper la relación. Sin embargo, en el juicio quedaría demostrado que no fue ella quien tomó la decisión de finalizar el matrimonio, sino todo lo contrario. El hombre ya comunicó a un amigo de ambos su interés por pedir el divorcio y que fuera él, como abogado y amigo de los dos, quien arbitrara el proceso. Éste aceptó siempre y cuando fuese de mutuo acuerdo, pues no quería enemistarse con uno de sus amigos defendiendo al otro en un contencioso. Dicha mediación, en teoría, no entrañaba muchas complicaciones, pues no existía un régimen de bienes gananciales sino separación de bienes. El amigo de la pareja corroboró en el juicio la versión del hombre, pero su testimonio imparcial (era amigo de la pareja y su declaración, por tanto, no era partidista) fue completamente ignorado por el mismo tribunal que daba crédito a los testimonios de la acusación, testigos indirectos que sólo conocían los hechos por lo que la acusadora les había dicho.

El hombre le comunicó a su mujer sus intenciones de divorciarse en dos ocasiones. La primera vez, su mujer le pidió esperar a después de la Comunión de la pequeña, para que el proceso no empañara su celebración. La segunda vez, le convenció de esperar a que finalizara el curso escolar de la niña. ¿No es significativo el hecho de que una mujer maltratada y violada se resista a separarse de su agresor? ¿Quería, tal vez, ganar tiempo?

Cuando el abogado que debía representar a ambos en el divorcio se puso en contacto con la mujer, ésta le comunicó que ya tenía su propia representante legal. Toda una declaración de intenciones que hacía prever que el divorcio no sería -en ningún caso- amistoso.

Reclamación económica

Cuando el abogado que debía mediar en un divorcio amistoso se topó con la sorpresa de que la mujer del hombre había contratado a su propio abogado, se encontró con una respuesta reveladora;estamos estudiando el patrimonio de "" para realizar nuestras reclamaciones. No les importó que existiera un régimen de separación de bienes, no iban a irse con las manos vacías. Después de “estudiar” el patrimonio del hombre –ingeniero de posición económica alta- reclamaron la inviable cantidad de 150.000 euros, más otros mil mensuales con carácter vitalicio para la mujer –el sueldo de la demandante oscilaba esa cifra- y 3.500 euros de pensión alimenticia para las dos pequeñas. Una cantidad de dinero absurda e imposible de cometer, a pesar de la posición del hombre.

Cabría preguntarse si es lícito una reclamación económica de esta magnitud habiendo acordado los cónyuges un régimen de separación de bienes cuando dieron el sí, quiero, o si dos niñas necesitan 3.500 euros para su sostenimiento, o si una mujer debe recibir mil euros mensuales de por vida sin que haya existido dependencia económica durante el matrimonio pero, en cualquier caso, el hombre no podía enfrentarse a esa situación. Ante la negativa del ingeniero, comenzaron las “advertencias” por parte de la demandante. Le “advirtió” con denunciarle por inverosímiles delitos tales como narcotráfico o trata de blancas –le faltó acusarle de la desaparición de Jimmy Hoffa- y, curiosamente el día en que el hombre abandonó el hogar conyugal, se produjo la denuncia por violación.

Segunda contradicción

Además de las agresiones sexuales, el hombre fue acusado de un delito continuado de coacciones, pues la denunciante sostenía que su marido anulaba con frecuencia su tarjeta de crédito para menoscabar su independencia económica. Sin embargo, el testimonio del director del banco aseveró que nunca se produjo ninguna anulación de tarjeta, ni existió alguna otra irregularidad en el funcionamiento de éstas. El único movimiento reseñable fue una sustitución de tarjetas luego de un problema de seguridad que el hombre tuvo en un viaje de negocios, y que el propio director del banco aconsejó, dando él mismo la orden de bloquear dichas tarjetas -era parte obligatoria en el proceso de sustitución- y que aquella inactividad sólo duro quince días. Así mismo, atestiguó que el hombre ingresaba, con carácter mensual, mil euros en la cuenta de su mujer sin existir obligación judicial para ello.

Sin pruebas

Las acusaciones más graves que pesaban sobre el hombre seguían siendo las agresiones sexuales. Sin embargo, el médico que asistió a la acusadora manifestó que los pequeños hematomas que encontró en sus muslos no le hacían sospechar de una agresión sexual, y que la mujer se negó a seguir el protocolo para casos de violación (ser explorada por un ginecólogo y un forense), sin dar una explicación para esa negativa en su declaración efectuada ante el juzgado.

En el juicio, sin embargo, y sospechando que aquella negativa a ser explorada podía restar credibilidad a sus pretensiones, la acusadora aseguró que no se dejó examinar porque de todos modos el hombre no había eyaculado en su interior, como sí hizo en la primera agresión, acontecida seis meses atrás. Y que seguramente no tenía desgarros vaginales porque no luchó con todas sus fuerzas por temor a despertar y asustar a las niñas, que se encontraban en el domicilio. ¿No resulta asombrosamente oportuno que el hombre sólo eyaculara en la violación ocurrida seis meses atrás y de la que, por tanto, se había perdido toda prueba forense de la agresión? ¿No resulta curioso que dichas justificaciones no las apuntara en su declaración original, y las dijera en el juicio, como quien se acuerda de comprar lichis cuando ya está en la caja del supermercado?

Los únicos indicios de agresión, por tanto, seguían siendo aquellos pequeños hematomas en los muslos que (recordemos) no le hicieron sospechar al médico de que se tratase de una agresión sexual. Cuando la defensa preguntó a una doctora si una persona podía auto-infringirse dichas lesiones, su respuesta fue un lacónico ¿y por qué iba hacerlo?



Máxima: proteger el negocio

Los “expertos” en violencia machista desfilaron durante el juicio sin ofrecer más que impresiones, como que encontraron que la denunciante daba muestras de “tristeza”. Ningún diagnóstico médico o psiquiátrico. Ninguna prescripción de fármacos ni diagnóstico de ansiedad o depresión. Sólo unas impresiones sobre el ánimo de la “víctima” de tan graves agresiones. Cuando la defensa les recordó que, según la Escala de Predicción del Riesgo de Violencia, el acusado no suponía un riesgo para la acusadora, restaron importancia al estudio, argumentando que tenía limitaciones. Cuestionaron los resultados de un test ignorando el hecho, tal vez, de que dicho test había sido oficializado en 2011 por el Ministerio de Justicia. ¿Habrían cuestionado la Escala de Predicción del Riesgo de Violencia si el resultado hubiera favorecido a la acusación? Imaginemos que hubiese dado como resultado Riesgo Elevado, ¿habrían cuestionado ese resultado de la misma forma? ¿Es lícito que acepten o rechacen la resolución de esa herramienta de manera arbitraria y al gusto del tribunal? ¿También es lógico que el Juzgado de Violencia de Género no contara con el acusado -en prisión preventiva- para hacer las pruebas periciales?

20 años de condena

El hombre fue condenado a dieciocho años por dos delitos de violación a pesar de que la denunciante se negó a seguir el protocolo de violación y ser explorada, y a pesar de que el médico que la asistió no vio indicios que le hicieran sospechar de una agresión sexual, y a pesar de que la denunciante improvisara nueva información en el juicio para rellenar los huecos de su testimonio. Y fue condenado a otros dos años por coacciones que negó rotundamente el director del banco, y después de probar que fue él quien se interesó en primer lugar por la separación, como atestiguó el abogado que había de arbitrar el proceso. Un caso que ejemplifica el perjuicio de este vil e indecente negocio. Un cadáver de la guerra artificial, alimentada mediante engaños y desvergonzada manipulación. Una víctima de una ley –la Ley Integral de Violencia de Género- de la que su redactor se libró merced a su aforamiento. Una vida truncada en nombre de un negocio que se aprovecha del drama de la verdadera violencia doméstica, y que incentiva a la denuncia falsa, a la venganza, al despecho y al saqueo económico. Ni uno más.

(Para escribir sobre el caso he dispuesto de la transcripción del juicio de "el hombre", y del parte médico de la acusación, así como de la demanda y otros documentos, gracias a la hermana del condenado)

Más en @eltivipata

http://eltivipata.blogspot.com.es/2015/07/vicente-chinchilla-la-condena-por.html

Anuncios
  1. Yo también conozco bien el caso y he tenido acceso a toda la documentación y a un conocimiento real, y prolongado en el tiempo, sin que mediase conocimiento previo, ni el sesgo que este pueda llevar,del hombre condenado y estoy convencida de que no existieron tales agresiones sexuales y que todo es fruto de la puñetera perversiòn de esa ley en manos de una mujer que quería dinero y un sistema judicial- en una ciudad de provincias muyyy provinciano- acomplejado con jueces- dioses cargados de miedos y sus propias miserias. Dios nos libre y Vicente nos perdone. Es un buen ser humano al que estamos destruyendo por permitir que esto continúe.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: