La Inquisición ofrecía mas garantías juridicas que los JVM

EL TUROLATO Y LOCO AGITADOR CREADOR DE LA LEYENDA NEGRA ANTIESPAÑOLA, BARTOLOME DE LAS CASAS

In Historia on 11 mayo, 2015 at 20:15

Revista Arbil nº 64

Fray Bartolomé de las Casas, un agitador con hábito

por José Carlos Albesa

Toda su obra ha sido la piedra angular sobre la que se ha cimentado la leyenda negra que tanto han utilizado los enemigos de España para atacarla y desprestigiarla. Sólo por esto ya se le podría aplicar a Las Casas aquella célebre sentencia evangélica que dice: "No es bueno el árbol que da malos frutos". (Lucas VI, 43)

"El viento de la soberbia arrastra toda virtud. La humildad es la base de las buenas obras". (S. Agustín).
Resulta lamentable que hayan surgido alguna voz desde dentro de la Iglesia que pretenda la escandalosa beatificación de Fray Bartolomé De Las Casas.
Como cuestión previa debo señalar que todos nos damos cuenta que es una magna obra la colonización de todo un continente, y, dentro de este contexto, analizar la delicada cuestión de las relaciones entre colonizadores e indígenas es una tarea compleja que no admite ningún tipo de simplificación.
Pero pese a ello, y a las incontables dificultades que representó este gran empeño español de civilizar al Nuevo Mundo, es un hecho incontestable que España, globalmente, realizó esta empresa con una gran prudencia y tacto, actuando en todo momento con mayores consideraciones que cualquier otro país colonizador del mundo y obrando siempre a la luz de sabios teólogos, insignes juristas y grandes moralistas que inspiraron las decisiones de nuestros reyes y las leyes particulares que se dictaban para el Nuevo Mundo, siempre atentas a la situación y derechos de los nativos.
La prueba irrefutable e inequívoca de todo ello nos la proporciona el hecho de la desaparición de la superficie de la tierra de todas las tribus indias que presenciaron la colonización de Manhattan, Jamestown o de Plymouth Rock, mientras que los indios que encontró Hernán Cortés en el Yucatán y en Méjico siguieron allí y hoy día sus descendientes habitan mayoritariamente esos pueblos.
El sistema español propició una igualdad humana que no creo el sistema anglosajón. No hubo ningún racismo en la colonización española; laicos y religiosos sentían que todos, indios y españoles, eran hijos de Dios, iguales en dignidad personal. Sabían que las diferencias entre unos y otros no eran congénitas, sino debidas a una serie de importantes circunstancias, que hacían grande el desnivel cultural entre ellos mismos y aquellos hombres recien encontrados.
Pero en este trascendental capítulo de la historia universal protagonizado por España, no podían faltar las malicias y las pasiones de los hombres, que con su fantasía e imaginación desbordada tantos mitos han creado.

El mayor creador de mitos y deformaciones de la realidad histórica fue Fray Bartolomé de Las Casas.
Toda su obra ha sido la piedra angular sobre la que se ha cimentado la leyenda negra que tanto han utilizado los enemigos de España para atacarla y desprestigiarla. Sólo por esto ya se le podría aplicar a Las Casas aquella célebre sentencia evangélica que dice: "No es bueno el árbol que da malos frutos". Lucas VI, 43.
Éste controvertido personaje que nació en Sevilla en 1.474, fue clérigo secular, fraile dominico y obispo de Chiapas. Se hizo famoso por sus campañas a favor de los indios utilizando siempre expresiones hirientes y de una gran violencia verbal en todos sus escritos, y, resulta paradógico que por ese supuesto amor a los indios, llegara al odio para los conquistadores españoles.
Bartolomé De las Casas llegó a defender los sacrificios humanos, argumentando que eran un notable mérito de los indios. Decía que :"Si un pagano considera a su dios como verdadero, es natural que le ofrezca lo que más tiene de valor, es decir, la vida de los hombres". Y seguía "El legislador puede y debe obligar a algunos del pueblo a que sean inmolados para ser ofrecidos en sacrificio, los cuales al sufrir tal inmolación se supone que la quieren y desean con acto lícito".( "Fray Bartolomé de las Casas, a la luz de la moderna crítica histórica", 1.970. Losada, Angel").
Otra nota de la personalidad de éste extraño fraile es la puerilidad con que se vanagloriaba en sus escritos. Como ejemplo, transcribo un fragmento de una de sus famosas Cartas al Consejo fechada el 15-10-1.535. "Y me puedo jactar delante de Dios que hasta que yo fuí a esa real corte, aún en tiempos en que vivía el Católico Rey D. Fernando, no se sabía que cosa eran las Indias ni su grandeza, opulencia y prosperidad". En todos sus escritos usaba frecuentemente la expresión "yo"; quizá para respaldar sus opiniones que de otra manera nadie creería.
Como réplica y sin más comentarios, ahí queda la siguiente cita de Sto. Tomás: "La vanagloria es el mayor de los pecados capitales".
Otro dato interesante que sirve para retratar todavía más si cabe a este fraile dominico es su condición de heredero de sangre y apellido francés (Casaus), que quizá le hizo conservar cierto resentimiento hacia lo Hispano. Así, mientras Fray Bartolomé De Las Casas se vanaglorió de tener el apellido Casaus, de rancia nobleza, utilizándolo con una absoluta falta de humildad y exigiendo para siempre que le llamaran Casas o Casaus; Fray Toribio de Benavente, coetáneo suyo, quiso llamarse y que le llamaran para siempre "Motolinía" (que significa "pobre" entre los indios), dando así muestras de una auténtica humildad y espíritu de pobreza evangélica.
Para acabar de perfilar su retrato psicológico, hemos de señalar que el rey le concedió cuatro esclavos negros para su servicio, que aceptó y usó, que jamás sufrió ninguna persecución, y que murió de noventa y dos años cobrando una pensión, a cargo de la Corona española, de 350.000 maravedíes como recompensa a su amor por los indios. En compensación, el fraile bienhechor se dedicó toda su vida, cayendo ya en lo rutinario, a distorsionar las supuestas correrías, robos, asesinatos y torturas de los españoles.
El célebre tratado que escribió De las Casas, "Brevísima relación de la destrucción de las Indias", está poblado de errores, mentiras, falsos testimonios e imprecisiones. Para desarrollar cualquier acusación sobre acontecimientos históricos deben cumplirse unos requisitos indispensables, como son los de indicar la fecha, el lugar, los protagonistas y la descripción de los hechos. En la obra anteriormente aludida tan sólo aparece una vez el responsable de los acontecimientos cruelísimos que relata, es el caso de Juan García en los relatos del reino de Yucatán. En los demás casos, los tiranos, genocidas y destructores aparecen envueltos en la penumbra y en el anonimato, lo que hace imposible la identificación de los autores de esos supuestos atropellos.
Otro rasgo muy significativo es la inclinación irresistible que sentía hacia la exageración. Si sumamos la cifra de indios supuestamente asesinados por los españoles se elevarían los mismos, según el cálculo realizado por de Las Casas, a unos 30 millones, cuando según estudios actuales, se cifra el total de la población en 12 millones. Con lo cual, los españoles, según Las Casas, habrían asesinado a más del doble de la población real.
Al margen de todo lo expuesto anteriormente, hemos de reconocer que en toda obra humana la crítica se hace necesaria. Pero esta crítica debe servir para corregir y para educar, no para golpear con el látigo y deformar la realidad de lo que fue la gesta más gloriosa de nuestra Patria. Porque, cuando los españoles llegaron a América, los indios estaban desnutridos y se morían, literalmente, de hambre. Los españoles dieron valor vivo a aquel inmenso continente. Se llevó lo más grande que hay en este mundo, La Única y Verdadera Religión, se les ofreció el lenguaje que permitió la comunicación entre ellos, se les enseñó a cultivar la tierra, se introdujeron nuevos hábitos de relación sin sacrificios humanos ni antropofagia. Sólo España, llevó Universidades a sus territorios. En América había ya tres (Sto. Domingo, Méjico y Lima) en la primera mitad del siglo XVI, superando a muchas naciones europeas de la época.
Esta fue la obra de la Hispanidad, una promesa de hermandad humana y de elevación espiritual para todos los hombres, que unía a mayas, araucanos, aztecas y españoles en un ideal civilizador sublime y prodigioso. Los españoles, que siempre han sido invadidos, se desparramaron ansiosamente por todo el Nuevo Mundo en una de las más increíbles y brillantes hazañas que supuso el mayor derroche de energías y de vidas que quepa imaginar.
De España partía el conquistador y el misionero con una euforia increíble, en un anhelo común de cristianizar las nuevas tierras, lo que revela psicológicamente que la nuestra fué la civilización más humana, profunda y moral que se haya conocido nunca.
Todo, absolutamente todo, lo sacrificó España al catolicismo, recibiendo en compensación esa inmensa e incontable legión de teólogos, misioneros y místicos que tanto esplendor han dado a La Iglesia.
La gobernación española en América duró tres siglos y fue uno de los periodos de paz más extenso y más largo de cualquier otro tiempo y lugar. Allí sembró España el cristianismo, su sangre y lo que hoy se conoce como civilización occidental. Su labor social y cultural fue admirable y sus leyes muy superiores a las de su época en cualquier otro país del mundo.
Una gesta así vivirá de forma perdurable para toda la eternidad, y ni Fray Bartolomé ni nadie jamás, podrá borrar la gloria del pueblo más valiente de cuantos han existido.
Gracias por todo ¡España!. Un pueblo tan grande no puede morir jamás. Estoy convencido de que la Providencia hará algún día resurgir todos los viejos valores espirituales de la raza hispánica, raza cósmica que denominara el mexicano Vasconcelos, y, la fe de nuestro pueblo, algún día, volverá a brillar en el mundo.
·- ·-· -··· ·· ·-··
José Carlos Albesa

http://www.arbil.org/(64)albe.htm


El autor de la “leyenda negra” española: Fray Bartolomé de las Casas (I)

ENE 25

Publicado por quenotelacuenten

Comenzamos a publicar aquí un artículo acerca de Fray Bartolomé de las Casas

“Las Casas se contradecía… es una mente anómala

que los sicólogos habrán de estudiar”.

(Ramón Menéndez Pidal)

A Bartolomé de Las Casas, el mentado “apóstol de los indios”, se le atribuye desde hace cuatro siglos la responsabilidad en la defensa de los nativos americanos, pasando a la fama por su conocida obra publicada en 1552 como la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, fuente “inequívoca” del “genocidio” que los españoles habrían perpetrado en América durante los años de conquista y plomo…

Pero veamos más detalladamente quién fue este “gran apóstol” de las tierras vírgenes.

Nacido en España, su padre, Francisco Casaus, había acompañado a Colón en su segundo viaje al otro lado del Atlántico y, anclando en las Antillas, se dedicaba al redituable negocio de la plantación, usando para ellos, a muchos indios como esclavos.

Bartolomé, luego de cursar sus estudios universitarios en Salamanca, partió también para el Nuevo Mundo a fin de hacerse cargo de la pingüe herencia paterna, sin dejar de lado los “dulces tratos” que su padre prodigaba a los pobres aborígenes; una vez allí y por esas obras de Dios, se convierte más radicalmente al cristianismo, y decide hacerse religioso. Ya con 35 años ingresa en la Orden de los Dominicos donde recibirá el orden sagrado. A partir de este momento ejercería su ministerio en aquellas remotas tierras americanas.

De carácter férreo, voluntarioso y trabajador, Bartolomé intentará desde el inicio de su apostolado remediar los errores propios y paternos denunciando los abusos que encontraba en aquellas tierras, cosa que se transformará casi como una obsesión.

Nada lo detenía: discusiones públicas, libelos, sermones, todo valía; incluso hasta lograría captar la amistad del gran Carlos V logrando que suspendiera momentáneamente la empresa conquistadora, como hemos visto más arriba.

Sin embargo, como “el alma humana es de tantos modos esclava” (según la sentencia de Aristóteles) el fraile, aunque oponiéndose a los malos tratos que los indios recibían, sugerirá la esclavitud de los negros traídos del África para reemplazar a los nativos de América… Es que “hay negros de todos los colores…”, como decía el gran Ramón Doll.

Pero vayamos directamente a aquellos dichos que lo han catapultado a la fama histórica. Son estos y no su nula obra evangelizadora, los que han dado fama y han servido de base para la llamada “Leyenda Negra” anti-española:

El testigo

Algo que directamente llama la atención al leer la “Brevísima…” es que Las Casas se precia siempre de haber sido testigo directo de lo ocurrido, de allí que sus relatos gocen de tanta autoridad. A lo largo de sus escritos se lee normalmente la siguiente frase “yo vide…”, “yo vide…” (“yo vi”) frase que, tratándose de un sacerdote y obispo, hacen de su testimonio casi un juramento, como narra un autor.

Bástenos un par de extractos como botón de muestra:

“Una vez vide, que teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales señores (y, aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen. Y el alguacil, que era peor que el verdugo que los quemaba (y sé cómo se llamaba, y aun sus parientes conocí en Sevilla), no quiso ahogarlos. Antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen, y atizóles el fuego hasta que se asaron despacio, como él quería.Yo vide todas las cosas arriba dichas, y muchas otras infinitas”[1].

Y hay más…

“(Con las gentes de Indias, España no hizo más que) despedazarlas, matarlas, angustiarlas, afligirlas, atormentarlas y destruirlas por las extrañas y nuevas y varias, nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas, maneras de crueldad (…). Los españoles les arrebataron a los indios las comidas y los enseres más elementales, para pasar luego a quitarles las mujeres y los hijos, usar mal de ellos, y obligarlos, más tarde, a buscar en la selva el refugio salvador. (Pero cuando eso no ocurría, los indígenas enfrentaban a los españoles y estos) extremaban su crueldad (…), los españoles entraban a los pueblos, ni dejaban niños, ni viejos, ni mujeres preñadas, ni paridas que no desbarrigaran y hacían pedazos: como si dieran a unos corderos metidos en sus apriscos (…). Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete, o le descubría las entrañas. Tomaban las creaturas de los pechos de las madres por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo y burlando y cayendo en el agua; otras criaturas metían en la espada con las madres juntamente y todos cuanto delante de sí hallaban. Hacían unas horcas largas que juntasen casi los pies a la tierra, y de trece en trece, a horror y reverencia de nuestro Redentor y de los doce apóstoles, poniéndoles leña y fuego los quemaban vivos. Otros ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca, pegándole fuego, así los quemaban[2].

¡Qué horror! ¡Pero qué salvajes estos españoles! Según el fraile el conquistador era la encarnación del diablo:

“Los españoles desean solo henchirse de riquezas en muy breves días (…) más que hombres parecen lobos, leones y tigres crudelísimos de muchos días hambrientos (…). Cometían grandísimas crueldades, matando y quemando y asando y echando y asando y echando perros bravos”[3].

Pero… ¿qué clase de cristianos eran estos conquistadores? Es natural que, si las cosas fueron así en América, más les habría convenido a los indios quedarse como estaban y no hacer uso del “derecho” de recibir la “civilización occidental”… Pero veamos algunos detalles.

Las Casas siempre engloba sus dichos diciendo “los españoles”, como si uno dijese hoy “los judíos” o “los nazis” o “los musulmanes”. La obsesión de Las Casas es una idea: España y deseando que la Conquista sea lo más “pura” posible denuncia muchas veces sin fundamento ni precisión, como veremos.

Se trata de la clásica dialectización; “españoles malos-indios buenos”: los aborígenes, eran apacibles en la tierra de la libertad, pueblos habitados por suavísimos indígenas, delicados y tiernos, como lo pudieran ser en España los hijos de príncipes y señores. Gente que “no conoce sediciones o tumultos” y del todo “desprovista de rencor”, odio y deseo de venganza; para Las Casas el indio era un ser que carecía del pecado original.

Aquí nuestro dominico surgirá como el predecesor del “buen salvaje” rousseauniano, publicitado por los iluministas del siglo XVIII y los charlatanes de hoy. Pero bástennos estos ejemplos como muestras.

Hay muchísima bibliografía acerca de la personalidad de Las Casas y de su “obsesión” e imprecisiones[4]; existen incluso serios estudios que afirman un grado de paranoia en Las Casas y hasta de “profetismo”, como señala autorizadamente Menéndez Pidal: “holgadamente se hallaba Las Casas, en un ambiente profetista, situándose fuera de toda realidad, y ¡con cuánta sencillez falseaba por completo la verdad de todo lo que le rodeaba!”[5].

Pero que no nos convenzan las elucubraciones psicologistas. Vayamos a los hechos.


[1] Rómulo Carbia, Historia de la Leyenda Negra hispano-americana, Publicaciones del Consejo de la Hispanidad, Madrid 1944, 42.

[2] Ibídem, 41-42.

[3] Ibídem, 41,46.

[4] Citemos aquí sólo algunas: Díaz Araujo, Enrique Las Casas visto de costado, Fundación Francisco Elías de Tejada y Erasmo Percopo, Madrid 1995, 218 y La rebelión de la nada, Cruz y Fierro, Buenos Aires 1983, 369; Ramón Menéndez Pidal, El Padre Las Casas: su doble personalidad, Espasa-Calpe, Madrid 1963, 410 pp. y El P. Las Casas y Vitoria, Espasa-Calpe, Col. Austral, Madrid, pp. 152.

[5] Ramón Menéndez Pidal, El Padre Las Casas. Su doble personalidad, 335.

 

http://quenotelacuenten.com/2014/01/25/el-autor-de-la-leyenda-negra-espanola-fray-bartolome-de-las-casas/


el autor de la leyenda negra antiespañola: Fray Bartolomé de las Casas (II)

ENE 30

Publicado por quenotelacuenten

Las fábulas caseras

Hay una constante en los escritos de Fray Bartolomé, como señalan los estudiosos de sus escritos: Las Casas siempre habla en vago y en impreciso. Nunca dice ni cuándo ni dónde se consumaron tales horrores, ni se cuida de establecer que –en caso de haber existido– se trataron de una excepción a la regla. Por el contrario deja entrever, que lo descrito por él era el único y habitual modo de conquista y que las ferocidades destacadas en su librito debían tenerse por las que comúnmente emplearon los españoles en los 40 años a los que su relato se refiere.

Como señala el gran estudioso Rómulo Carbia, en la obra del fraile dominico “nada se concreta, ni geográfica ni cronológicamente”[1]. Una sola vez aparece en el relato el nombre de uno de los responsables de las supuestas atrocidades. En los otros casos el “tirano” (es decir, “el español”) queda como cubierto por una penumbra imposible de descubrir. Todo es más y lo mismo: las fechas, las cantidades, los nombres, los lugares; todo es confuso y sin precisión. No se priva de ninguna opinión: hasta de la conquista del Río de la Plata, en donde dice, desconociendo los pormenores y no habiendo estado jamás allí, que en estas tierras australes se habían “ejecutado las mismas obras que en todas partes…”[2].

Veamos algunos ejemplos.

En su Historia de las Indias manifiesta que vio, “con sus propios ojos”, más de 30.000 ríos en la isla Es­pañola, que nunca nadie los ha vuelto a ver. En su tristemente famosa “Brevísima…” inventa el “genocidio” indígena. Primero son 12.000.000 de muer­tos, luego eleva la cifra a 15.000.000 y termina redon­deándola en 24.000.000. Pero aun conformándonos con los 15.000.000 –nota el estudioso Levillier– los españoles deberían haber matado 375.000 indios por año, es decir bastante más de 1.000 diarios y sin descansar ni un día en los años bisiestos… Todas estas cifras son imposibles, aun después de haberse inventado las cámaras de gas y demás prácticas del genocidio moderno. Sin embargo, las leyendas de Fray Bartolomé darán lugar a que hasta el día de hoy varios propagandistas de la Leyenda Negra sigan afirmando que la demografía americana se desplomó ante la llegada de los españoles.

Hoy por hoy ha pasado mucha agua bajo el puente y de los estudios realizados, se sabe claramente que la población nativa cayó a raíz de diversos motivos, uno de los cuales fueron las enfermedades contraídas a partir de su contacto con los europeos, ante las cuales carecían de anticuerpos, como señala Díaz Araujo en un reciente trabajo:

“Los principales problemas demográficos no fueron causados por la vesania de los encomenderos o la brutalidad de los conquistadores, sino que fueron de carácter patológico, bacteriológico e inmunológico. Empero, lo que no se aclara en grado suficiente es que la disminución poblacional registrada fue momentánea. En efecto: lo primero que hay que tener en cuenta es que la población aborigen origi­naria era muy pequeña respecto del total del territorio del continente americano; no más de un 5% se hallaba poblado. En segundo lugar, hay que evitar las enormizaciones demográficas lascasistas. Conforme a los estudios del mayor experto en estos temas, Ángel Rosemblat, la población precolombina ascendía alrededor de 13.300.000 habitantes. De ellos se perdieron 2.500.000, hasta 1570. Pero, como ya lo había hecho notar Humboldt, en el siglo XVII la población aborigen había aumentado considera­blemente, y en México había superado los niveles que existían antes del arribo de los españoles. Todo lo cual se puede verificar por la sustentación ali­mentaria, según las técnicas de cultivo de las diversas épocas”[3].

Si bien a partir del siglo XVI el desequilibrio demográ­fico se acentúa y el decrecimiento se hace notorio, las razones hay que buscarlas en distintas y complementarias causas:

“La transmisión de enfermedades europeas, el cambio en el reacondicionamiento económico y social, el desajuste alimentario, las epi­demias incontrolables, la reducción de la fecundidad, el desgano vital hasta el suicidio anómico del que hablaba Durkheim, el tras­lado de ciudades, y por supuesto, los enfrentamientos armados de distinto calibre”[4].

Todo ello permite en la actualidad sopesar los dichos de Las Casas.

Pero él no solo infla los números y da falsos diagnósticos. ¡Más aun! Muchas veces mutila y cambia los textos de documentos públicos conocidos, como la Bula de Alejandro VI, en la que se donan las tierras del Nuevo Mundo a la Corona de Castilla. Aquí Las Casas, al traducir el texto de la bula lo adultera con adiciones arbitra­rias, pero además también con muy importantes supresiones. Atento a ello, el historiador germano Schaëfer opinaba que Fray Bartolomé no era precisamente un testigo fidedigno, ni siquiera de las cosas que pretende haber presenciado personalmente.

Al­gunos biógrafos, para disculparlo, alegan su sangre andaluza, tan proclive a las exageraciones, pero aclara Menéndez Pidal de ser así, se trataría de “una andaluzada en grado patológico” pues todo en sus obras lo lleva a multiplicar por cien, por mil y hasta por un millón.

Ejemplo de tales desati­nos es la descripción de la destrucción de la ciudad de Guatemala en 1541, producida por el rompimien­to eruptivo del lago volcánico que la dominaba, y que Las Casas atribuye a la acción de “tres diluvios”. Fue por esto que Lewis Hanke, ferv­iente lascasiano debió admitir que “la historia de la exageración humana tiene pocos ejemplos más inte­resantes que la Apologética de la Historia”[5].

Pero hay exageraciones más interesantes que se dan en provecho propio, como cuando inflándose a sí mismo deseó ser llamado no solo “procurador de indios” sino “protector universal de todos los indios”; o como cuando pretendió extender la jurisdic­ción geográfica de su diócesis de Chiapas a Gua­temala y a México; o, por último, cuando reincidió en el error de Colón, creyendo estar en tierras del Ganges…

Y hay más: Las Casas, que había sentado como tesis principal que todo dinero proveniente de Indias era un robo a los indios y que aceptar dinero robado obliga en conciencia a “reparar in solidum”, no vaciló cuando debió ser remunerado con ese “dinero sucio”. En efecto, en 1516 recibió 100 pesos oro anua­les como procurador de indios; como obispo, en 1524, 500.000 maravedíes anuales; en 1551, cuando renunció al obispado, se le fijó una pensión de 300.000 maravedíes, renta que en 1563 se le aumen­tó a 350.000 maravedíes… ¡nunca discutió por el origen de esa paga!

Menéndez Pidal señala la incoherencia: “Las Casas se contrade­cía. Vive del dinero robado, para predicar que no se robase… estos contrasentidos indican que ese ultrarigorismo estaba en pugna con la realidad como parte de una mente anómala que los sicólogos ha­brán de estudiar”[6].

Tampoco lo movía un ideal de fraternidad, ya que disculpaba la esclavitud que los indios practicaban con otras tribus vecinas y –como dijimos antes– en sus memoriales de 1531 y 1542 proponía la introducción de hasta 4.000 afri­canos para que, como esclavos, trabajasen en reempla­zo de los indios. Ni se distinguió por su acción caritativa, como decía su impugnador, el padre Motolinía, en carta a Carlos V: “ni aprendió la lengua de los indios, ni se aplicó ni se humilló a enseñarles. (…) Él acá apenas tuvo cosa de religión… porque todos sus negocios han sido con algunos desasosegados, para que le digan cosas que escriba conforme a su apasionado espíritu contra los españoles mostrándonos que ama mucho a los indios y que él solo los quiere defender y favo­recer más que nadie. En lo cual acá muy poco tiempo se ocupó, si no fue cargándolos y fatigándonos. Vino (así) el de Las Casas, siendo fraile simple, y aportó a la ciudad de Tláxcala, traía tras de sí cargados 27 o 37 indios que acá llaman ‘tamenses’…”[7].

Como señala Díaz Araujo, no era la caridad sino la publi­cidad la meta que lo desvelaba. Y esto, hay que convenir que lo obtuvo ampliamente. Primero los flamencos en 1579, y luego los hugonotes ginebrinos, los italianos, los catalanes separatistas, los fran­ceses, los norteamericanos cuando la guerra de Cu­ba, los nazis alemanes para perseguir al cristianismo y los stalinistas rusos y socialistas mexicanos, han reeditado una y mil veces sus hispanófobas obras. “Este es el hecho capital en la exaltación póstuma de Las Casas –afirma Menéndez Pidal. Cuando en España el Obispo tras su larga vejez de inefica­cia, había caído en un respetuoso olvido, en el ex­tranjero los bucaneros y los filibusteros que ambicionaban las riquezas de América, los holandeses que luchaban por su independencia, y todos los combatientes frente a la contrarreforma católica, levantaron sobre sus hombros al «Reverendo Obis­po Don Fray Bartolomé de Las Casas o Casaus» y le dieron una internacional fama de difamación que no tiene otra igual en la historia. La ansiosa ape­tencia de publicidad que aquejaba al Obispo-fraile podía estar satisfecha”[8].

La otra campana de Las Casas…

La Historia es una disciplina difícil; si bien estudia los hechos trascendentes del pasado para poder juzgarlos, muchas veces es necesario ponerse en la óptica de los antepasados. Sería poco convincente ponernos a refutar los errores lascasianos con elementos del siglo XXI ya que alguien nos podría decir que tratamos con injusticia a un hombre “que estuvo allí” para contarnos la historia. Es por esto que decidimos anexar aquí los dichos y hechos de otro contemporáneo acerca de aquello que fue la conquista de Nueva España.

Siguiendo a Rómulo Carbia en su jugosa obra acerca de las leyendas negras españolas, encontramos un documento emblemático. Se trata de la carta dirigida por fray Motolinía desde México, (año 1555) al emperador Carlos V.

Fray Toribio de Benavente, alias Motolinía[9], era muy conocido en aquellas tierras mesoamericanas; siendo un incansable apóstol de los indígenas y contemporáneo de Las Casas, se había entregado a la misión.

Digamos desde ya que Motolinía tampoco era la encarnación de la ortodoxia ni siquiera un español fanático: era bastante crítico de los abusos y en materia de Fe hay algunos que hasta llegan a decir que tenía algunos errores. Pero era de buena voluntad.

El franciscano, que más allá de los influjos joaquinistas o de las modas milenaristas, tenía una fidelidad inquebrantable a la Iglesia y a su Patria –además de los dos pies bien plantados en la tierra– no consintió desde el principio con ninguno de los dislates lascasianos; al contrario. Viendo el disparate que se prodigaba comenzó a refutarlo prolijamente y –con la autoridad que le daba su dedicación al estudio y al apostolado entre los indios– le escribió al gran monarca Carlos V para dar noticia de “la otra campana” de la conquista de América. Pero aun fue más lejos: no conforme con desenmascarar a Las Casas exaltó la labor de conquistadores y misioneros, las proezas de Cortés y, sobre todo, (imposible perdonárselo), el beneplácito de los naturales ante la liberación del horrible yugo azteca que significó para ellos el descubrimiento y conquista española del territorio mexicano. Motolinía venía a decir, en síntesis, que de Las Casas era un fabulador sin fundamentos, que la acción combinada de la Iglesia y la Corona era una epopeya digna de encomio y que para los desdichados toltecas, culhuas, chichimecas, otomís y tantas otras tribus, la llegada de los españoles había significado su verdadera dignificación[10].

Pero vayamos al texto del franciscano. La carta, dedicada a Carlos V, fue titulada por su mismo autor como la “Historia de los indios de la Nueva España”. En breves líneas y con gran agudeza intelectual, no escatima ni elogios ni críticas (cuando hay que hacerlas), guardando un gran equilibrio de ánimo. Así por ejemplo, narra los abusos bajo el siguiente título “Dealgunos españoles que han tratado mal a los indios, y del fin que han habido” (todo un programa, donde son “algunos” y no “todos” los españoles que “han tratado mal”, ¡qué diferencia con Las Casas!). No se trata por tanto de una persona de intereses creados a favor de los conquistadores, sino de intereses creados con la verdad.

El texto, en sus líneas directrices, dice así:

“No tiene razón el de Las Casas de decir lo que dice y escribe y exprime (es un) ser mercenario y no pastor, por haber abandonado a sus ovejas para dedicarse a denigrar a los demás (…). A los conquistadores y encomenderos y a los mercaderes los llama muchas veces, tiranos robadores, violentadores, raptores; dice que siempre y cada día están tiranizando a los Indios (…). Para con unos poquillos cánones que el de Las Casas oyó, él se atreve a mucho, y muy grande parece su desorden y poca su humildad; y piensa que todos yerran y que él solo acierta, porque también dice estas palabras que se siguen a la letra: todos los conquistadores han sido robadores, raptores y los más calificados en mal y crueldad que nunca jamás fueron, como es a todo el mundo ya manifiesto: todos los conquistadores dice, sin sacar ninguno (…)”[11].

Y agrega:

“Yo me maravillo cómo Vuestra Majestad y los de vuestros Consejos han podido sufrir tanto tiempo a un hombre tan pesado, inquieto e importuno, y bullicioso y pleitista en hábito de religión, tan desasosegado, tan mal criado y tan injuriador y perjudicial, y tan sin reposo: yo ha que conozco al de las Casas quince años (…) y siempre (está) escribiendo procesos y vidas ajenas, buscando los males y delitos que por toda esta tierra habían cometido los Españoles, para agraviar y encarecerles males y pecados que han acontecido: y en esto parece que tomaba el oficio de nuestro adversario [es decir, del demonio], aunque él pensaba ser más celoso y más justo que los otros Cristianos y más que los Religiosos, y él acá apenas tuvo cosa de religión”[12].

Y cuando Fray Motolinía compara al Marqués del Valle (Hernán Cortés), con sus detractores (entre los cuales está Las Casas) afirma:

“Yo creo que delante de Dios no son sus obras tan aceptas como lo fueron las del Marqués; aunque como hombre fuese pecador, tenía fe y obras de buen cristiano, y muy gran deseo de emplear la vida y fortuna por ampliar y aumentar la fe de Jesucristo, y morir por la conversión destos gentiles, y en esto hablaba con mucho espíritu, como aquel a quien Dios había dado este don y deseo”. Con mucha razón criticaba Motolinía a Las Casas acusándole que “él no procuró de saber sino lo malo y no lo bueno”. Más ajustado a la realidad fray Toribio compensa sus juicios afirmando que “dado caso que algunos [Estancieros, Calpixques y Mineros] haya habido codiciosos y mal mirados, ciertamente hay otros muchos buenos Cristianos y piadosos y limosneros, y muchos dellos casados viven bien”[13].

Este equilibrio entre sus escritos, criticando lo que hay que criticar, alabando lo que es laudable y matizando lo que hay que matizar, nos muestra a las claras que el juicio sobre las realidades temporales nunca puede ser verdadero si un paisaje se pinta solo en blanco y negro. La vida (y la historia) tiene muchos matices; ignorarlos es un crimen contra la verdad.


[1] Rómulo Carbia, op. cit., 46.

[2] Ídem.

[3] Enrique Díaz Araujo, Propiedad indígena, 46-47.

[4] Antonio Caponnetto, op. cit., 118.

[5] Lewis Hanke, La lucha por la justicia en la conquista de América, Editorial Suramericana, Buenos Aires 1949, 338.

[6] Ramón Menéndez Pidal, El Padre Las Casas. Su doble personalidad, 336-337.

[7] Enrique Díaz Araujo, Las Casas visto de costado (Carta de Motolinía a Carlos V del 2/1/1555), cap. II.

[8] Ramón Menéndez Pidal, op. cit., 323.

[9] Se puede ver el texto en: Real Academia de la Historia. Col. de Muñoz. Indias. 1554-55. T. 87. fª 213-32. Los indios llamaron a Benavente “Motolinía” que en su lengua significa pobre, y que desde entonces él adoptó como nombre propio).

[10] Antonio Caponnetto, op. cit., 74.

[11] Se puede ver el texto en Real Academia de la Historia. Col. de Muñoz. Indias. 1554-55. T. 87. fª 213-32. Citado por Miguel A. Fuentes, Las verdades robadas, Edive, San Rafael 2004, 242-243.

[12] Rómulo Carbia, op. cit., 213.

[13] Cfr. Miguel A. Fuentes, op. cit., 242-243.

 

http://quenotelacuenten.com/2014/01/30/segunda-entrega-el-autor-de-la-leyenda-negra-antiespanola-fray-bartolome-de-las-casas-ii/


 

Fray Bartolomé de las Casas y sus contemporáneos

JUL 27

Publicado por quenotelacuenten

A raíz de algunos comentarios surgidos en otro blog (AQUÍ), publicamos un artículo que teníamos pendiente sobre Fray Bartolomé de las Casas, de quien ya hemos hablado aquí, aquíaquí.

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Cuando los mariólogos se ponen a estudiar a la Virgen María terminan siempre con esta frase: de Maria numquam satis… (“sobre María nunca es suficiente”); lo mismo habría que decir del fraile dominico Bartolomé de las Casas.

Amado por unos y denostado por otros, parece que nunca se llegase a una conclusión por los ríos de tinta que se han publicado.

¿Loco? ¿exagerado? ¿defensor de los “derechos humanos” antes de tiempo? ¿evangelizador? ¿propagandista? ¿encomendero primero y anti-encomendero después? ¿esclavista o defensor de los esclavos?

¿Quién sabe…? –como responden a veces los mexicanos con hermosa tonada.

Como bien indican los padres León Lopetegui, S. J. y Félix Zubillaga, S. J., hasta el presente no hay una historia de Las Casas que sea completamente aceptada por todos; su personalidad y el sujeto histórico en sí, es tan polémico y complejo que siempre dividirá las aguas y, habiendolitis pendiente, difícilmente se llegue a una historia objetiva, totalmente objetiva digo, con sabor a cosa juzgada. Y esto simplemente porque los hechos que el historiador rescata son regidos por su voluntad, que puede estar –y muchas veces lo está– torcida.

Pero si concebimos la historia como la narración de los hechos trascendentes del pasado, tendremos que ver no sólo aquellos nobles arquetipos que marcaron una época sino todos los arquetipos, incluso aquellos que son “piedra de toque”. Como el de Las Casas. Querer llegar a una certeza es obvio pero el reclamar para la historia el mismo grado de certeza que las matemáticas o la metafísica es desenfocar la cuestión; y esto porque simplemente la historia depende de la moral, por lo que la certeza a la que se llegue será meramente moral, probable, imperfecta. No por nada Aristóteles la tenía por debajo de la Poética.

En el caso de Las Casas (valga la cacofonía) se podrán decir varias cosas. Nosotros y las hemos dicho.

Que exageró, o que no vio bien; que veía múltiples ríos donde nunca existieron; que multiplicaba los abusos y por ende las calumnias sobre los españoles, etc. Es decir, macaneaba, c’est à dire, agrandaba las cosas.

También se ha objetado que debió haber sido un gran evangelizador pues los lugares donde estuvo hoy son católicos.

–          “¡Pero hombre!- dirá alguno- mire nomás Las Verapaces (Guatemala) donde estuvo Fray Bartolomé y verá que son casi todos católicos”.

A lo que se podría responder:

–          “Sí, como es católica hoy la Patagonia, pero no porque fue evangelizada por los primeros jesuitas en el siglo XVI sino por los salesianos en el XIX…

Es cierto que Fray Bartolomé estuvo en ese vergel natural y también es cierto que hoy la mayoría de aquéllos son cristianos, pero ojo, no caigamos en la famosa falacia post hoc, propter hoc (muy común en el ámbito histórico): porque algo esté después de esto, aquéllo no necesariamente es su causa. El lunes está antes que el martes, pero no es causa del martes.

Las Casas llegó, efectivamente a Tezulutlán (La Verapaz) con los primeros dominicos en 1536 pero sólo estuvo allí tres años… pues ya en 1540 lo encontraremos (¡nuevamente!) en España para discutir con Carlos V lo que serán Las Leyes Nuevas. Luego volverá a América como obispo a Chiapas. Al parecer, quienes sí se dedicaron a la evangelización de esa zona serán los hermanos en religión del fraile dominico, especialmente Fray Luis Cáncer de Barbastro y Fray Pedro de Ángulo, quienes sí estudiaron la lengua de los aborígenes y permanecieron en aquella zona…

–          “¡Pero no, hombre! ¡Las Casas evangelizaba con sus escritos, con sus denuncias!”.

Y está bien, es un modo de evangelizar completamente lícito; pero la cosa cambia. Entonces habrá que ver si su “evangelización” surtió efecto y si fue conforme a la verdad y la justicia; y en esto es, principalmente, en lo que no se ponen de acuerdo los autores contemporáneos.

Si ir más lejos, el mismo William H. Prescott (nada favorable a España) notó algo asombroso al hablar de Las Casas; al estudiar el caso de la campaña de Hernán Cortés en Cholula, por ejemplo, verificó entonces que ninguno de los testigos presenciales de los hechos (Bernal Díaz del Castillo, Andrés Tapia, etcétera), ni de los cronistas inmediatos (padre Francisco Clavijero, etcétera), confirmaban los relatos sangrientos de Las Casas, de lo que concluyó que el obispo:“Estaba siempre propenso a creer crédulamente todo lo que hacía a su propósito y a recargar sus cuadros con tantas escenas de sangre y exterminio, que de puro extravagantes y exageradas sus noticias, traen su refutación consigo mismas”.

Con los otros 369 escritos de Las Casas, recopilados por Pérez Fernández, sucede lo mismo. Prácticamente, apunta Lewis Hanke “ningún lascasiano parece aprobar en su totalidad las interpretaciones de sus colegas”. Lo atribuye al hecho de que “seamos individuos singularmente beligerantes y a quienes nos gusta la controversia por sí misma” y recomienda definir actitudes ante Freud, dados los autoengaños[1].

Disputas que se generan en su fuente última. Tal, por caso, la entablada entre Luciano Pereña Vicente y fray Manuel María Martínez a propósito de la autoría del tratadoDe regia potestate. Este libro de Las Casas recogía a su vez dos de sus obras anteriores: Principia quaedam ex quibus procedendum est in disputatione ad manifestandumy los Tesoros del Perú y fue publicado en Frankfurt en 1571. Pereña sostuvo que el libro era un entero plagio del tratado político de Lucas de Penna In tres posterioris libros codicis iustiniani, autor al que cita al pasar. Fray Manuel María Martínez dice que Las Casas no pudo conocer esa obra y por lo tanto, no pudo copiarla. Habrá sido casualidad, telepatía o clarividencia que lo llevó a repetir literalmente las páginas del otro…

¿Plagiario? Nunca se sabrá.

Pero frenemos acá…; seguimos escribiendo desde el presente y esto no es lo que buscamos pues, como dice Belloc, no es historiador el hombre que no sabe responder desde el pasado”.

¿Cómo sería si intentásemos ver a Las Casas de costado, es decir, visto por sus contemporáneos? ¿qué habrán dicho? Pues bien, pasemos a ellos entonces para que después, cada uno, saque sus propias conclusiones[2].

  1. Pánfilo de Narváez y Antonio Velázquez, procuradores de Cuba, 1516: “Este clérigo es una persona liviana, de poca autoridad y crédito. Habla de lo que no sabe ni vio. Que piensa conseguir prelacía y mandato por la murmuración en que se pone[3].
  2. Fray Bernardino de Manzanedo, de los padres Jerónimos, refrendado por fray Luis de Figueroa, al Juez de Residencia, 1518: “Que Las Casas no se traslade a España porque es una candela que todo lo encenderá[4].
  3. Rodrigo de Contreras, gobernador de Nicaragua, 1536: “El dicho fray Bartolomé de las Casas es hombre muy desasosegado y perjudicial y que todos los más sermones que predica son después de haber habido algún enojo o pasión, para manifestarlo en el púlpito, muy fuera de la doctrina evangélica y en escándalo y alteración de los oyentes”[5].
  4. Memorial de los vecinos de Guatemala al Rey, 10 de septiembre de 1543: “Engáñase el Padre religioso Las Casas, Dios se lo perdone. Un fraile no letrado, no santo, vanaglorioso, apasionado, inquieto y no falto de envidia”[6]. Téngase en cuenta el carácter “democrático” y “popular” de este dicho de los vecinos guatemaltecos.
  5. Alonso de Maldonado, presidente de la Audiencia de los Confines de Guatemala, 22 de octubre 1545: “Sois un bellaco, mal hombre, mal fraile, mal obispo, desvergonzado y mereceríais ser castigado”. Escribió al emperador CarlosV diciendo que “mucho mejor sería que Las Casas estuviese encerrado en un monasterio y no como obispo en las Indias”[7].
  6. Francisco Marroquín, obispo de Guatemala al rey Carlos V, 17 de agosto de 1545: “Yo sé que él ha de escribir invenciones e imaginaciones, que ni él las entiende ni entenderá… porque todo su edificio y fundamento va fabricado sobre hipocresía y avaricia y así lo mostró luego que le fue dada la mitra: rebozó su vanagloria como si nunca hubiera sido fraile y como si los negocios que ha traído entre las manos no pidieran más humildad y santidad para confirmar el celo que había mostrado”[8].
  7. Licenciado Juan Rogel, oidor de la Audiencia de los Confines de Guatemala, marzo 1546: “…una de las razones que las han hecho aborrecidas (las leyes nuevas, de 1542) es ver la mano de Vuestra Señoría (Las Casas) puesta en ellas… como los conquistadores tienen a Vuestra Señoría por tan apasionado contra ellos, entienden que lo que procura por los naturales, no es tanto por el amor de los indios, cuanto por el aborrecimiento de los españoles[9].
  8. A Fray Toribio de Benavente o Motolinía lo veremos con más detenimiento por el lugar que le tocó en la historia de Las Casas. El fraile franciscano, escribía al rey Carlos V, el 2 de enero de 1555, de donde extractamos las partes:

012.-Escudo 10“No tiene razón el de Las Casas de decir lo que dice y escribe e imprime y más adelante, porque será menester, yo diré hasta dónde llegan y en qué paran sus celos y sus obras, si acá ayudó a los indios o los fatigó…”. “Por cierto que para con unos poquillos cánones que el de Las Casas oyó, él se atreve a mucho y muy grande parece su desorden y muy poca su humildad y piensa que todos yerran y que él solo acierta…”. “Yo me maravillo de ver cómo Vuestra Majestad y los de vuestros Consejos han podido sufrir tanto tiempo a un hombre tan pesado, inquieto e importunador y bullicioso y pleitista en hábito de religión tan desasosegado, tan malcriado y tan injuriador y perjudicial y tan sin reposo. Yo conozco al de Las Casas hace quince años. Antes de venir a esta tierra, él iba a ir a la tierra del Perú. No pudo pasar allá, estuvo en Nicaragua y no se sosegó allí mucho tiempo. De allí vino a Guatemala, y menos paró allí. Después estuvo en la nación de Guaxaca y tan poco reposo tuvo allí como en las otras partes. Y después que aportó a México, estuvo en el monasterio de Santo Domingo y en él luego se hartó y tornó a vagar y andar en sus bullicios y desasosiegos; siempre escribiendo procesos y vidas ajenas, buscando los males y delitos que por toda esta tierra habían cometido los españoles, para agraviar y encarecer los males y pecados que han acontecido…”. “El acá apenas tuvo cosa de religión… porque todos sus negocios han sido con algunos desasosegados, para que le digan cosas que escriba conforme a su apasionado espíritu contra los españoles, mostrándonos que ama mucho a los indios y que él solo los quiere defender y favorecer más que nadie. En lo cual acá muy poco tiempo se ocupó, si no fue cargándolos y fatigándolos. Vino (así) el de Las Casas, siendo fraile simple y aportó a la ciudad de Tlaxcala, traía tras de sí cargados 27 o 37 indios, que acá llaman tamenses… Yo entonces le dije al de Las Casas: ¿cómo, padre, todos vuestros celos y amor, que decís que tenéis a los indios, se acaba en traerlos cargados y andar escribiendo vidas de españoles y fatigando a los indios, que sólo vuestra caridad traéis cargados más indios que treinta frailes? Y pues un indio no bautizáis ni doctrináis; bien sería que pagaséis a cuantos traéis cargados y fatigados…”. “Cuando vino Obispo de Chiapas… le prestaron dineros para pagar deudas que de España traía y a los muy pocos días los excomulgó…”. “Después el de Las Casas tornó a sus desasosiegos y vino a México y pidió licencia al virrey para volver a España y aunque no se la dio, no dejó de ir allá sin ella, dejando acá muy desamparadas y muy sin remedio las ovejas y almas a él encomendadas, así españoles como indios…”.No tuvo sosiego en esta Nueva España, ni aprendió lengua de indios ni se humilló ni se aplicó a enseñarles. Su oficio fue escribir procesos… y ciertamente este oficio solo no lo llevará al cielo. Y lo que así escribe, no es todo cierto ni averiguado…”. “Después que el de Las Casas allí (en Chiapas) entró por obispo, quedó destruida en lo temporal y en lo espiritual, que todo lo enconó y ruego a Dios que no se diga de él que dejó las almas en las manos de los lobos y huyó… la tal renuncia más se llama apostasía… no sabemos si delante de Dios estará muy seguro el tal obispo…”. Vuestra Majestad le debía mandar encerrar en un monasterio, para que no sea causa de mayores males. “Quisiera yo ver al de Las Casas quince o veinte años perseverar en confesar cada día a diez o doce indios enfermos, llagados y otros tantos sanos, viejos que nunca se confesaron y entender en otras muchas cosas espirituales tocantes a los indios. Y lo bueno es que allá a Vuestra Majestad y a los demás de sus Consejos, para mostrarse muy celoso, él dice: fulano no es amigo de los indios, es amigo de los españoles, no le déis crédito. Ruego a Dios que acierte él a ser amigo de Dios y de su propia alma…”.

“El acá apenas tuvo cosa de religión… Y pues un indio no bautizáis ni doctrináis… Quisiera yo ver al de Las Casas quince o veinte años perseverar en confesar cada día a diez o doce indios enfermos, llagados y otros tantos sanos…”.

No estaba, entonces, muy contento el fraile Motolinía en el modo de hacer apostolado de Las Casas; es cierto que los dominicos son frailes que se dedican al estudio, la predicación y la oración, pero en aquellas tierras se necesitaban misioneros y no frailes que, con la mejor buena intención, exagerasen sin ser pastores con olor a oveja, como andan diciendo por ahí.

Pero sigamos con su relación:

“Y Dios perdone al de Las Casas, que tan gravísima deshonra y disfama y tan terrible injuria y afrenta a una y muchas comunidades y a una nación española y a sus príncipes y consejeros con todos los que en nombre de Vuestra Majestad administran justicia en estos reinos… Sabido es qué pecado comete el que deshonra y difama a uno y más el que difama a muchos y mucho más el que difama a una república y nación. Si el de Las Casas llamase a los españoles y moradores de esta Nueva España tiranos y ladrones y robadores y homicidas y crueles salteadores cien veces, pasaría; pero llámalos cien veces ciento…”.

9788498163414“¿Dónde se halló condenar a muchos buenos por algunos pocos malos?”.

Y sepa Vuestra Majestad por cierto que los indios de esta Nueva España están bien tratados y tienen menos cargas y tributos que los labradores de la vieja España, cada uno en su manera…”.

“De diez años a esta parte falta mucha gente de estos naturales; y esto no lo ha causado malos tratamientos, porque hace muchos años que los indios son bien tratados, mirados y defendidos, mas lo han causado muy grandes enfermedades y pestilencias que en esta Nueva España ha habido… si las causan los grandes pecados e idolatrías que en esta tierra había, no lo sé”.

“Bien parece que supo Las Casas poco de los ritos y costumbres de los indios de esta Nueva España… también parece que sabe poco de lo que pasaba en las guerras de estos naturales; porque ningún esclavo se hacía en ellas, ni rescataban ninguno de los que en las guerras prendían, mas todos los guardaban para sacrificarlos… por lo cual las guerras eran muy continuas. Porque para cumplir con sus crueles dioses y para solemnizar sus fiestas y honrar sus templos, andaban por muchas partes haciendo guerra y salteando hombres, para sacrificar a los demonios y ofrecerles corazones y sangre humana; por lo cual padecían muchos inocentes”. “2 de enero 1555 años. Humilde siervo y mínimo capellán de Vuestra Majestad Motolinía, fray Toribio’“[10].

  1. Bernal Díaz del Castillo, 1568: “Lo que dice el obispo fray Bartolomé de las Casas, aquello y otras cosas que nunca pasaron”[11].
  2. Domingo de Soto, O. P, 1552: “El señor obispo Las Casas, si yo no me engaño, se engaña[12].
  3. Juan Ginés de Sepúlveda, 1551: “Me sería muy enojoso traer ahora a colación todos los chismes, artificios y maquinaciones de que se ha servido este astuto y hábil charlatán (Las Casas) para quitarme la razón y obscurecer la verdad, dejando pequeñito en astucia al célebre Ulises. Para ello, como digo, se ha valido de toda clase de artimañas y se ha rodeado de un grupo de amigos dispuestos a corearle… Más astuto que un zorro y más dañino que un escorpión… se dedica a contar a los príncipes toda clase de chismes y embustes?”… “Si me apuras un poco te diré que es uno solo el que tal calumnia ha lanzado; ahora bien, uno solo que por su doblez, charlatanería y orgullo vale por muchos (fray Bartolomé de las Casas)[13].

*         *           *

            A menudo suele acusarse a quien hace historia de ver los hechos pretéritos con la mirada actual. Si esa mirada es circunstancial, entonces comete un exceso; si esa mirada hace al fondo de la cuestión, lo blanco es blanco y lo negro es negro, aquí y ahora o en Egipto hace 2000 años.

Las Casas sigue abriendo polémicas por su modus operandi y sus exageraciones, macaneos y extrañísimo modo de “evangelizar”. Quizás por eso el proceso de beatificación (a pesar de la enorme propaganda que los progres le han hecho) aún no prospera.

Que no te la cuenten

R.P. Dr. Javier Olivera Ravasi, IVE

[1] Lopetegui, León, S. I. y Zubillaga, Félix, S. I., Historia de la Iglesia en la América española, México, América Central, Antillas, Madrid, bac, 1965, p 107; Prescott, William H., Historia de la conquista de México, México, ed i. Cumplido, 1844, p 371; Giménez Fernández, Manuel,Bartolomé de las Casas, Vol I: Delegado de Cisneros para la reformación de las Indias, Sevi­lla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1953, p XI; juicio compar­tido por: Pardo Tovar, Andrés, “A manera de prólogo”, a: Hanke, Lewis, Bartolomé de las Casas. Letrado y propagandista, Bogotá, Ediciones Tercer Mundo, 1965, p 13; Carro, Venancio Diego, O. R, Los postulados teológico-jurídicos de Bartolomé de las Casas. Sus aciertos, sus olvidos y sus fallos, ante los maestros Francisco de Vitoria y Domingo de Soto: Estudios Lascasianos. IV Centenario de la muerte de fray Bartolomé de las Casas (1566-1966), Sevilla, Facultad de Filosofía y Letras de la Univer­sidad de Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1966, p. 205 nota, 102, 227, 237 nota 152.

[2]Nos servimos aquí del jugosísimo libro de nuestro maestro, Díaz Araujo, Enrique, Las Casas visto de costado, Folia universitaria, 2002, pp. 319.

[3]Colección de documentos inéditos, relativos al descubrimiento, con­quista y organización de las antiguas posesiones españolas de América y Oceanía (primera serie), Madrid, 1864-1884,t VII, p 12. En todos los casos, hemos actualizado la grafía para hacerla inteligible al lector contem­poráneo.

[4]  Las Casas, Bartolomé de, Historia de las Indias, III, 95, t IV, p 346. Confrontar con Sigüenza, fray Joseph de, Historia de la Orden de San Jerónimo, parte tercera, Madrid, 1605.

[5] Informaciones hechas en la ciudad de León, de Nicaragua, a pedimento del señor gobernador de aquella provincia, don Rodrigo Contreras, contra fray Bartolomé de las Casas, sobre ciertas palabras dichas con escándalo en el pulpito y otras cosas, en: CDIR América y Oceania, tvii, p 116-146(CDIR es abreviatura de: Colección de documentos inéditos relativos al descubri­miento, conquista y colonización de las posesiones españolas).

[6] García Peláez, Francisco de P., Memorias para la historia del antiguo reino de Guatemala, 1851 -1852,11, c 14; Fabié y Escudero, Antonio María. Vida y escritos de Fr. Bartolomé de las Casas. Obispo de Chiapas. Madrid: Miguel Ginesta, 1879, t. II, 125.

[7] Remesal, Antonio de, O. P, Historia de la Provincia de S. Vicente de Chiapas y Guatemala de la Orden de nuestro glorioso Padre Santo Do­mingo, Madrid, 1619, VIII, 5, 3. Hay una edición guatemalteca en 2 v, de 1932. Adoptamos una grafía uniforme, nombrando a la localidad con su denominación actual y no Chiapa o Chyapa

[8] Fabié, Antonio María, op. cit., 149-150.

[9] Remesal, Antonio de, O. P., op. cit., VII, 13, 5 a 7.

[10] Colección de documentos inéditos, etcétera, cit., t VII, p 261-267; reprodu­cida en: Motolinía, Historia de los indios de la Nueva España, Barcelona, 1914, p 260-274. También:Motolinía, Toribio de, Carta al emperador. J. Gili, Refutación a Las Casas sobre la colonización española, México, Jus, 1949. En la carta de Motolinía, además de modernizar la grafía, hemos adaptado alguna sintaxis especialmente obscura y la hemos dividido por parágrafos conceptuales.

[11] Díaz del Castillo, Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1853, XXVI, p 129.

[12]Soto, Domingo de, O. R, Disputa entre el obispo Las Casas y el doctor Ginés de Sepúlveda, Sevilla, 1552; reimpreso por la Biblioteca de Autores Españoles, ex, 1958, p 305 a y b. Como es sabido, tanto Soto como Carranza y Melchor Cano, en la Junta de Valladolid estuvieron a favor de Las Casas. Pero, la perorata de su verborrea y logorrea los hartó. “Esta catarata verbal, dice Lewis Hanke, continuó cinco días, hasta que la lectura terminó o hasta que los miembros de la Junta, tal y como Sepúlveda sugirió, ya no pudieron resistir más”: “La humanidad es una, etcétera”, cit., p 94. Lo cual tal vez explique el parrafito de Soto, en su Síntesis.

[13]Epistolario de Juan Ginés de Sepúlveda (selección). Primera traducción castellana del texto original latino, introducción, notas e índices por Ángel Losada, Madrid, e Cultura Hispánica, 1966, p 156, 157, 212, 213, 215, 240, 241, 242, 243. Hay varios textos más, coincidentes con los transcritos.

http://quenotelacuenten.com/2014/07/27/fray-bartolome-de-las-casas-y-sus-contemporaneos/

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