La Inquisición ofrecía mas garantías juridicas que los JVM

España es Irán para los hombres. Las feminazis, ayatolás que los condenan

In Discriminacion sexista, Hombres maltratados on 24 enero, 2017 at 12:41

iranhombres

 

LAS AYATOLÁS FEMINAZIS EN EL IRÁN ESPAÑOL

 

la inquisición feminazi

 

JULIO DORADO. (VIGO)

18/01/2017 10:26 H.

nnn Perdón, soy un maltratador. Perdón por haber nacido de un vientre de mujer. Por haber mancillado su figura. Por haber ensanchado sus caderas. Por haber dilatado su vagina, y provocado el desgarro de su vulva:porque antes no se hacían episiotomías.
Perdón por haber mamado de sus pechos. Por habérselos arriado a la cintura. Por haberle causado las estrías del puerperio. Por haberme arrebujado entre sus brazos, colgado de su cuello, cogido de su mano, enganchado de su falda,por haberme acostumbrado a su olor de mujer, a sus cuidados de madre, a sus besos de cariño, a sus lágrimas de afecto. 
Perdón por haber tenido miedo al coco, de pequeño. Por haber perturbado su sueño con mis fiebres. Por haber sido adolescente. Por haber tenido dudas. Por mis enuresisnocturnas. Por mis poluciones frecuentes.Por mi onanismo juvenil, mi eyaculación precoz, mis erecciones involuntarias al quite de una hembrita de homo sapiens.¡Ah, la juventud, mar de soledad y de tormentas; arrasa cuando pasa, o nos transforma en hombres de provecho!
Perdón por haber tenido un padre; tradicional, honesto, honrado; y no un macarra tatuado, con un paquete abultado entre las piernas, como merienda; y un rictus de machote indeseable como reclamo. Ferro, fers, ferre, tuli, latum. Latín. Irregular.Pero verídico. Bacantes hay, ay, lo dijo el poeta, que adoran el placer con la epopeya primitiva de la violación y de la fuerza. Que se ponen hasta el culo- lo digo yo- y se van con cinco borrachos a un piso en las bacanales –les llaman Sanfermines- de Pamplona, y luego los denuncian por abuso. Instinto cruel el de las hembras que quieren ser brutalizadas cada vez que son poseídas;que les gustan los ‘malotes’, y lo dicen. Hay millares. Conmigo que no cuenten. Aunque, como dijo otro poeta, debajo del ombligo guarde un arsenal para las que quieran guerra. 
Perdón porque siempre me gustaron las mujeres guapas. Y femeninas. Perdón porque considero que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. Por ser directo. Por tener nuez. Por no tener voz en este entierro de géneros. Perdón por tener vello corporal. Por ponerme nervioso al roce de una fémina. Por comprender que un poema –‘en mi mejilla tocaban sus rizos negros’- cabe en un verso. Por despreciar a demagogos -Pablo Iglesiases el sumun- que hablan de azotar a Mariló Montero hasta hacerla sangrar. Y por darle la razón a Manuel Morales, por su artículo ‘Víctimas de su sexismo’. Lo echaron de un periodiquillo de provincias a instancias de un gremio de plumillas con escrúpulos. Pero sin conciencia. La libertad de expresión la confundieron con las témporas.
Perdón por haberme puesto colorado cuando una chica me tocó por debajo de la mesa, cuando me hicieron la primera felación, cuando me enseñaron las tetas y me llevaron la mano a la entrepierna en una discoteca. Tenía que haberlas denunciado. Perdón porque no reivindico el burka,ni la minifalda; y mi palabra no vale como la de una fémina. España es Irán para los hombres. Las feminazis, ayatolás que los condenan:por tener testosterona, por sentirlos sus rivales, por tener los mismos gustos que muchas de ellas.Porque, porque 60 hijos de fulana (la mitad de otros países) mataran en España a sus parejas, penamos 22 millones de varones. Discriminación positiva. Estigma del pecado original de nacer hombres.
Perdón por haber nacido. Sí.Porque si antes se hiciera la amniocentesis del sexismo, y las ecografías del embarazo, mamá, sí tú, tenías que haber abortado al ver mi pilila.Y, sobre todo, perdón por haberla usado, cuando debería cortármela y arrojarla al mar, inútil, como la erección del ahorcado.
Mamá, sí, otra vez, en donde quiera que estés, perdóname por invocar tu nombre cuando tengo miedo. Perdóname. También soy un acosador. Y es que incluso papá, lo recuerdo con emoción junto a su lecho,clamaba por la suya en la hora de su muerte. Pobre animal. Como yo, no era más que un vulgar hombre…

 

http://www.atlantico.net/cartas-al-director/julio-dorado-vigo/inquisicion-feminazi/20170118102600568232.html

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