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LOS PRIVILEGIOS FEMINISTAS DE GENERO. El privilegio femenino

In Estadistica (datos estadisticos), Ideologia feminazi de genero on 8 enero, 2015 at 16:57

Publicado el septiembre 7, 2013de Carlos Rodríguez

El feminismo ha descrito al género masculino como privilegiado y al femenino como oprimido. Sin embargo, un análisis tanto de la situación actual como de la realidad histórica nos muestra un cuadro mucho más complicado en el que ambos sexos son simultáneamente privilegiados y oprimidos en distintas áreas de la vida.

Nuestra entrada tratará sobre el privilegio femenino, y para ello traduciré dos listas: la de Ballgame, publicada en Feminist Critics, y la de Sweating Through Fog. Recordemos que los autores son estadounidenses y por tanto habrá algunas diferencias culturales (por ejemplo la número 14 de Ballgame no se aplica a los países hispanohablantes). Si bien las dos listas repiten algunos puntos, la de Sweating Through Fog me gustó más, pero ambas son complementarias al abordar distintos aspectos del privilegio femenino.

A continuación mostramos la lista de Ballgame. En negrita encontrarán los puntos que considero más universales y/o relevantes.

Como mujer…

1. Tengo muchas menos probabilidades de morir asesinada que un hombre.

2. Tengo muchas menos probabilidades de terminar suicidándome que un hombre.

3. Tengo menos probabilidad de ser víctima de una agresión violenta que un hombre.

4. Probablemente me han enseñado que es aceptable llorar.

5. Probablemente viviré más años que un hombre.

6. La mayor parte de la gente no considerará que mi valor como persona está exclusivamente vinculado a cómo de alto asciendo en la jerarquía [laboral].

7. Tengo muchas más posibilidades de ser considerada una compañera sentimental valiosa para alguien, incluso si no tengo empleo y apenas dinero, que un hombre.

8. Se me proporciona mucha más libertad para formar amistades íntimas que a un hombre.

9. Mis probabilidades de sufrir una herida o enfermedad relacionadas con el trabajo son significativamente inferiores que para un hombre.

10. Mis probabilidades de morir en el trabajo son una pequeña fracción que las de un hombre.

11. Si rechazo pelear [físicamente, cuando me desafían], es poco probable que esto dañe mi reputación con mis iguales o que se ponga en cuestión mi valía como compañera sexual.

12. Normalmente no se espera que sea capaz de ejercer la violencia. Si carezco de esta capacidad, generalmente no será percibido como una nefasta deficiencia personal.

13. Si nací en Norteamérica después de la Segunda Guerra Mundial, puedo tener la certeza de que mis genitales no fueron mutilados poco después de nacer, sin anestesia.

14. Si intento abrazar a un amigo en un momento de júbilo, es mucho menos probable que mi amigo se cuestione mi sexualidad o se retire incómodo.

15. Si busco consuelo en el abrazo de un amigo íntimo, podré preocuparme mucho menos sobre cómo mi amigo interpretará el gesto o si mi valía como miembro de mi género será cuestionada.

16. Generalmente no estoy forzada por las reglas de género a portar una armadura emocional en mis interacciones con la mayoría de las personas.

17. Con frecuencia soy el centro emocional de mi familia.

18. Se me permite llevar ropa que indica “vulnerabilidad”,  “delicadeza” y “ser juguetona”.

19. Se me permite ser vulnerable, juguetona y delicada sin poner en cuestión mi valía como ser humano.

20. Si interactúo con los niños de otras personas (particularmente gente que no conozco muy bien), no tengo que preocuparme demasiado de que la interacción sea malinterpretada.

21. Si tengo problemas ajustándome a algunos aspectos de las exigencias de género, tengo muchas más posibilidades que un hombre de encontrar una audiencia comprensiva para discutir lo irrazonable de la demanda, y una menor probabilidad de que mi rechazo a ceder me haga ser percibida como inadecuada para mi género.

22. Tengo menos probabilidad de que se me avergüence por ser sexualmente inactiva que un hombre.

23. Desde mi tardía adolescencia hasta la menopausia, para la mayor parte de los niveles de atracción sexual, es más fácil para mí encontrar un compañero sexual a mi nivel de atractivo que para un hombre.

24. Mi papel en la vida de mi hijo se percibe generalmente como más importante que el papel de su padre.

Ahora la lista de Sweating Through Fog. Una vez más, marcaré en negrita los que considero más universales y/o relevantes. He añadido un hipervínculo para corroborar la afirmación sobre las distintas penas por el mismo delito.

Como mujer…

1. Estoy menos presionada que otros para que participe en conductas arriesgadas, peligrosas y poco saludables: una de las razones por las que vivo más que otros.

2. Puedo escoger profesiones menos lucrativas y no ser llamada una perdedora.

3. Si no llego a la cima de mi profesión, está bien. La gente no juzgará que soy menos por ello.

4. Tengo derecho a los beneficios de una sociedad segura y ordenada, pero nadie espera que ponga en riesgo mi seguridad personal para mantenerla.

5. Tengo el derecho de que la inmensa mayoría del riesgo sufrido en defensa de mi país recaiga sobre los hombros de otros.

6. Se me permite evitar la violencia, e incluso huir de ella, sin arriesgarme a que se rían de mí.

7. Si veo a alguien en peligro, se me permite parar y pensar cuidadosamente sobre el riesgo que corre mi persona antes de salvarlo, sin que mi coraje sea puesto en duda.

8. Tengo el derecho de evitar desafíos peligrosos y arriesgados sin que se me llame cobarde.

9. Cuando soy niña se me permite llorar y decirle a mis padres que tengo miedo de algo. Mis padres no estarán decepcionados conmigo.

10. Tengo el privilegio de que las profesiones realmente peligrosas sean ocupadas por otros.

11. Si cometo un crimen, recibiré menos tiempo en prisión por el mismo delito.

12. Cuando me encuentro con otros en una aterradora situación de vida o muerte, tengo el derecho a que se me evacúe primero, una vez que los niños están a salvo. Los otros pueden esperar.

13. Si acabo asesinada como parte de alguna atrocidad, la gente estará especialmente furiosa y llamarán la atención al hecho particular de que fui asesinada. Cuando otros son asesinados, no es tan escandaloso.

14. Tengo derecho a entregar a mi hijo en adopción, y por tanto rechazar totalmente cualquier responsabilidad financiera y personal que de otra forma tendría.

15. Puedo escoger si quiero ser madre o no, sabiendo que la sociedad presionará al padre para que cumpla con sus responsabilidades financieras, quiera o no quiera.

16. Si soy atacada, espero que otras personas no involucradas y a salvo vengan a defenderme.

17. Si veo a alguien ser atacado, no se espera que ponga en riesgo mi seguridad para defenderlo. Está bien si yo espero a que otros intervengan, y al mismo tiempo está bien si yo critico a otros por no hacerlo.

18. En una disputa relacionada con la custodia, se presupone que soy el mejor progenitor y el más seguro.

19. Tengo el derecho de interactuar con niños que no son míos sin que la gente me mire de modo sospechoso.

20. Si elijo ser madre, la gente lo entenderá si quiero concentrarme exclusivamente en el cuidado diario y personal de mis hijos. La sociedad espera que mi esposo gane el suficiente dinero para hacer que esta opción sea posible.

21. Puedo ser realmente ofensiva cuando alguien me enfada, y llamarlos feos, perdedores, frikis, asquerosos, repugnantes, basura, pusilánimes, pervertidos, gordos [etc.]. Después de todo, tengo el derecho a que no se me trate cruelmente en el trabajo, y el derecho a no escuchar cosas desagradables que puedan hacerme sentir incómoda. Tengo recursos legales si ese derecho no es respetado, y tengo el derecho de dejar eso perfectamente claro en mi entrevista de trabajo.

22. Se me permite aceptar mis cualidades espirituales, adoptar una visión de la vida más elevada y refinada, porque otros pueden encargarse de todo el “trabajo sucio”: jardinería [¿yard work?], recolección de basuras, construcción, pesca, minería, alcantarillado, limpieza de las calles, transporte de larga distancia, manejo de equipajes, pintura, granallado y cementado.

23. Si fracaso en algo, puedo ir a la universidad y estudiar las fuerzas históricas y constructos sociales que hacen la vida más dura para gente como yo. Si otros fracasan, es que no tienen lo que hay que tener.

24. Si fracaso en casi todo, siempre puedo enseñar cursos universitarios que explican por qué gente como yo fracasa tanto.

Los puntos 23 y 24 son más una mofa de los feministas profesionales que un privilegio femenino, pero es cierto que el feminismo permite a la mujer culpar al Patriarcado de sus fracasos, algo que el hombre no puede hacer.

Por supuesto las listas no abarcan todo, y hay muchas otras que tratan este tema como la de Women in Higher Education. De hecho, existe un blog dedicado al tema llamado This Is Female Privilege. Como mencioné al principio, sin embargo, no podemos perder de vista las diferencias culturales, pues los géneros no interactúan igual en todas partes.

Por el momento me gustaría añadir algunos privilegios más. Por ejemplo:

1. Mi falta de agresividad no es percibida como una deficiencia de mi personalidad.

2. La timidez o introversión no suponen un obstáculo tan grande para encontrar pareja como lo sería en un hombre, ni pondrán en cuestión mi valía como miembro de mi género.

3. Puedo disponer de la casa como me plazca, dictando la organización del espacio y su decoración, para que refleje mis prioridades y personalidad.

4. La opresión, dificultades y problemas que experimenta mi género son reconocidos por la mayor parte de la opinión pública y reciben atención especial tanto de las instituciones estatales como de las universidades.

5. Tengo el privilegio de desconocer que mis privilegios existen (como se dijo sobre el privilegio masculino en Amptoons).

Ahora la gran pregunta: ¿Es justo llamar a todos estos puntos “privilegios”? Sinceramente, y a pesar de haber escrito esta entrada, el concepto de privilegio no es tan adecuado cuando hablamos de género (sea el masculino o el femenino) como cuando hablamos de raza, que fue para lo que se ideó, y específicamente para la situación en Estados Unidos. El concepto de privilegio fue creado como categoría de análisis en 1965 por Theodore W. Allen, partiendo de las teorías de Du Bois. No sería hasta 1988 cuando Peggy McIntosh establecería un paralelismo entre el privilegio racial de los blancos y las diferencias entre hombres y mujeres para crear el concepto de privilegio masculino.

El gran problema es que, a grandes rasgos, el privilegio racial no funciona como el privilegio de género. El privilegio racial de los blancos, primero legal y luego social, no implica ninguna obligación legal o social para el blanco, y desde luego ninguna contrapartida ventajosa para el negro. En los roles de género, sin embargo, no ocurre así. Por ejemplo, el hombre puede tener más oportunidades de encontrar trabajo (privilegio) por razones como que no se queda embarazado. Hay, sin embargo,  contrapartidas: es devaluado como persona cuando carece de él, y recibe menos apoyo familiar, demostrado en que más del 80% de los sin techo son varones, a pesar de que entre los hombres el desempleo es inferior. Por otra parte, una mujer tiene mucha más posibilidades de ser considerada como pareja pese a estar desempleada que un hombre en las mismas circunstancias (a quien podrían llamar “un perdedor”, insulto que no funciona igual de bien a la inversa).

Algo parecido ocurre con los llamados privilegios femeninos. Veamos por ejemplo el caso de la prohibición de las mujeres en posiciones de combate en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, una prohibición que sólo ha sido abolida este año. Según el punto número 5 de la segunda lista, es un privilegio no tener que participar en el combate para la defensa del país y dejar que lo hagan otros. Creo que todos podemos estar de acuerdo en eso. Por otra parte, también podría interpretarse como opresión. En primer lugar porque es una prohibición, no un derecho, y en segundo lugar porque sin el acceso a puestos de combate a las mujeres se les está impidiendo ocupar los puestos más altos como oficiales (más allá de coronel), además de la libertad de luchar por su país si eso es lo que quieren hacer.

Ahora bien, dándole otra vuelta de tuerca, poder alistarse a las Fuerzas Armadas, tener el empleo estable que ofrece, recibir entrenamiento gratis en una profesión y comenzar una carrera con posibilidades de ascenso, es una opción muy apetecible para varones con pocos recursos, que se alistarían sin pensárselo dos veces si hubieran tenido garantizado (como las mujeres) que nunca iban a desempeñar una función de combate. No subir de rango más allá de coronel (que muy pocos consiguen en cualquier caso), no le resultaría un duro precio a pagar a alguien que comienza en la pobreza o simplemente no puede encontrar trabajo.

Por tanto, cuando en este blog utilicemos el concepto de “privilegio” refiriéndonos al género, será utilizado como categoría de análisis para debatir con términos similares a los que usa el feminismo (para que todos tengamos las mismas armas) pero sin ser tan ingenuos como para pensar que el privilegio por razón de género es equiparable al privilegio racial.

Mi crítica al feminismo en este sentido es que, cuando se hacen listas del privilegio masculino (como la de Amptoons), nunca se especifican los matices o contrapartidas. El feminismo jamás admite que los privilegios masculinos tienen un reverso, como por ejemplo la desechabilidad masculina. Sin embargo, son prestos a criticar que el privilegio femenino sí los tiene, al menos los pocos que admiten la existencia del privilegio femenino en primer lugar.

Cada privilegio tiene sus matices y contrapartidas (opresión), para ambos sexos. La existencia del privilegio femenino no niega la opresión de la mujer en otras áreas, del mismo modo que el privilegio masculino no niega la opresión del varón. Privilegio y opresión son dos caras de la misma moneda: el palo y la zanahoria para mantener a la gente en su lugar.

El feminismo, sin embargo, considera que el privilegio femenino es en realidad sexismo benevolente (una pequeña compensación) y que la opresión del varón es un efecto secundario y no deseado del privilegio. Valoren ustedes, teniendo en cuenta aspectos de la opresión masculina ya tratados aquí (tanto en la actualidad como en el pasado) qué visión de las relaciones entre privilegio y opresión para ambos sexos les parece más ajustada.

Finalmente, quería terminar la entrada preguntándoles qué otros privilegios femeninos se les ocurren, ya sean universales o específicos para sus culturas.

Esta entrada fue publicada en Feminismo, General, Masculinismo, Privilegio, Relaciones de poder, Roles de género, Terminología. Guarda el enlace permanente.

http://quiensebeneficiadetuhombria.wordpress.com/2013/09/07/el-privilegio-femenino/

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